Gaetano Mosca nunca creyó en la efectividad del sufragio universal por considerar que se
funda en la falsa creencia de que los electores eligen a su representante, cuando
la verdad es que el representante se hace elegir por ellos. A la soberanía popular,
como resultado del sufragio universal, la consideró un mito muy peligroso, puesto
que a través de ella el pueblo llega a. creer que gobierna y que los funcionarios
elegidos están para servirle.
La democracia parlamentaria, según la concibe Mosca, se basa en el supuesto
jurídico de que el representante es (elegido por la mayoría de los votantes. Sin
embargo, los hechos revelan algo muy distinto. Cualquiera que haya tomado
parte en una elección sabe muy bien que el representante no es elegido por los
votantes, sino que, en general, se hace elegir por ellos: o bien, si esta formulación
resulta demasiado desagradable, lo hacen elegir sus amigos. De un modo u otro,
una candidatura es siempre obra de un grupo de personas unidas por un propósito
común, de una minoría organizada que inevitablemenre impone su voluntad
a la mayoría desorganizada.
Teóricamente, cada votante tiene libertad de elección; sin embargo, en la práctica,
su opción es muy limitada, ya que si no quiere desperdiciar su voto tendrá
que suftagar por alguno de los candidlatos que tiene posibilidad de triunfar porque
los respalda un grupo de amigos o partidarios. Por ello, para los individuos aislados
que constituyen la inmensa mayoría del electorado, sólo quedan dos alternativas:
abstenerse o votar por uno de los candidatos que tienen cierta probabilidad
de ganar (Mosca, 1984 213 y 227; IMeisel, 1962: 106-108).
Así pues, para Mosca, la participación política de las masas mediante elecciones
es una mentira. Los verdaderos triunfadores son los sujetos que saben imponerse
en ese ambiente especial, y muchas veces amficioso, creado por el sistema
electivo. Son ellos, quienes deciden., los que seleccionan a los representantes.
Los líderes provienen en su mayor parte de la clase media y, por consiguiente,
poseen una superioridad cultural o intelectual. Esta supremacía se expresa
asimismo en la superioridad económica (el dinero y sus equivalentes) y la superioridad
histórica (la tradición y la transmisión hereditaria).
Los líderes carismáticos y fuertes están dotados de extraordinarias cualidades
congénitas, muy por encima de la ,generalidad. Por esos atributos se les identifica
como capaces de realizar diversas proezas. Sólo el líder carismático tiene la
capacidad de superar el conservadurismo que produce la organización y de soliviantar
alas masas en apoyo de grandes cosas, tiene una profunda fe en sí mismo,
producto de un pasado de luchas victoriosas que lo hacen tener conciencia de
sus aptitudes. Por otra parte, su futuro depende de las pruebas que pueda dar"su
buena estrella".
El líder, orgulloso de su condición de indispensable, se transforma con facilidad
de servidor en amo de su pueblo: quienes inicialmente estaban sujetos a
obligaciones para con la masa, a la lap llegan a ser sus señores. Una va electos, por
lo general, son inamovib1es. Toda oposición a su voluntad esjuzgada antidemocrá-
tica, ya que el elegido actúa legalmente como representante de la voluntad colectiva
(Michels, 1991a:parrim; Michels, 199ib: 19, 177 y 188).